FOCUS | Capítulo 3

22:43


—Feliz Navidad... tutu tutu tu... Feliz Navidad.
Adoro la Navidad; los adornos, los arboles, la nieve, las botas en la chimenea... ¡El consumismo! Lo último no, pero soy amante de los buenos regalos. Las canciones navideñas son muy pegajosas, como goma de mascar, y siempre vienen a mi cabeza como pensamientos fugaces que me son difíciles de ignorar. Siempre termino tarareando o cantando como el himno nacional alguna que otra canción, incluso en el colegio. Lo bueno es que nadie me ve como una loca cuando canto allí.
El lado bueno de la invisibilidad.
—Cállate, tu voz es chillona y falta para la Navidad. ¿De cuál te fumaste? —Oh, cierto, casi doy por inexistente la presencia de Fry—. Ah, es el golpe en la nariz. Te estás tomando muy en serio tu rol de reno, bonita.
¿Bonita? Es el halago más hermoso que nadie nunca había podido o tenido el estómago de decirme. Creo que lloraré gomitas cubiertas en sal.
Sep, eso se asemeja mucho mejor a las lágrimas.
Y no menciono el sabor de las lágrimas porque me guste saborearlas como lo hacía mi compañero de banco en primaria cada vez que lo molestaban, sino porque un día me entró la curiosidad y quise probar a qué sabían. ¿Conclusión? Fue como tomar salmuera.
Eugh.
—Gracias por ofrecer tus servicios de chofer y llevarme a la peluquería, pero tengo una duda.
Fry detiene el auto frente a un carrito de hot dogs. Alzo una ceja (o hago el intento de hacerlo) y lo miro con detenimiento. Él hace un gesto autorizando a que baje, a menos que lo esté interpretando mal y me esté corriendo de su auto. Me encojo de hombros, tomo mi bolso y salgo, cerrando la puerta del auto de un portazo.
—¡Cuidado! —espeta y me gruñe. Él también se ha bajado—. Me llevó años juntar dinero para Betsy.
—¿Betsy es tu auto?
Es una pregunta retórica, la hice para confirmar su vasta locura. Y yo que pensé ser una loca por ponerle a mis peluches el nombre de Drake, enumerándolos desde Drake 1 hasta Drake 12. Ponerle nombre a los auto debe ser un fetiche que no quiero imaginar... pero lo hago de todas formas porque soy una pervertida.
—¿Eres amante de los autos o algo así? Mi vecino Pancracio le pone nombre a sus autos y los trata mejor que a su esposa.
—Me gusta la mecánica, y ponerle nombre a mi auto no es por lo que estás pensando. —Al pasar junto a mí me revuelve el cabello. Me hace una seña con su cabeza para que lo siga hasta el carrito—. Yo invito, preciosa.
Oh, cielos, si continúa llamándome así terminaré creyéndolo.
—¿A cambio de que yo pague la bencina? ¡Juro que pagué hasta el último de mis ahorros en la peluquería!
Se carcajea negando con la cabeza. Yo me río siguiéndole el paso y fingiendo demencia, como si lo anterior dicho fuese una broma. La verdad es que esperaba que me la cobrara.
Tal vez este día no anda mal del todo.
—Gracias, Señor Amable.
Recibo el hot dog y le doy un tímido mordisco. Debo actuar como una dama en público, no como el desastre de persona que soy cuando veo comida.
—No hay de qué.
Fry parece una aspiradora humana... ¡En el buen sentido de aspiradora! Se ha devorado el perrito caliente en un parpadeo. Lo observo con incredulidad y él me devuelve la mirada con satisfacción diciendo: "aprende de mí, reno". Caminamos hacia una banca cercana y nos sentamos. Toma un mechón de mi cabello y lo examina.
—Creo que te estás tomando demasiadas libertades. —Cubro mi pecho y me inclino hacia el lado contrario al suyo. Una perversa sonrisa se dibuja en su rostro.
—Tranquila, no muerdo.
Eso es precisamente lo que decía Adam de su perro cuando fui a su casa y me costó diez puntadas en la pierna.
—¿Vas a decirme ya cuál es el mensaje...? ¿Y para quién es?
Bufa y se echa hacia atrás. Un grupo de chicas pasa frente a nosotros y Fry no oculta su sonrisa de galán. Realmente parece el tipo de chico al que le gusta coquetear, pero no va más allá de eso, lo que le encanta hacer es agarrarse a puñetazos con los otros estudiantes. 
Eso está claro, tiene mala fama entre todos.
—Quiero que le digas a Drake y su amiguito fracasado, Lernan, que los veré el viernes en terreno baldío que está detrás del colegio, después de clases. Sólo a ellos.
¿Es un ajuste de cuentas? No quiero que mi Drake, novio y amante futuro, resulte golpeado. Su sublime rostro con un arañazo sería un delito.
—¿Vas a... golpearlos?
—No, les daré amor.
La única que puede darle amor del bueno a Drake soy yo, si tan solo supiese de mi existencia...
Después de escuchar los alardes de Claire y de cómo los chicos que babean tras ella, me levanto de la mesa con la mitad del pan en la boca. No estoy de humor para escuchar como es el centro de la tierra y nuestros padres la felicitan por ser la hija y estudiante perfecta.
Odio ser la segunda en todo, odio ser ignorada por mis propios padres quienes siempre olvidan mi presencia teniendo ojos sólo para Claire. Que me cueste un pelín estudiar, poner atención y destacar no significa que sea un basurero al que recurren cuando les convenga.
—Nana, ¿puedes sacar la basura?
Chasqueo la lengua al escuchar la sugerencia —más bien parecida a una orden— que mamá me da desde el comedor.
—Y traerme el periódico.
Faltaba papá.
—Okay, ya voy... ya voy.
Lo primero que hago es sacar la basura y dejarla junto a las bolsas de los otros vecinos, corro a los perros de la calle que intentan romper las bolsas porque luego dejan todo esparcido. El más enano de los cuatro me gruñe y me faltan pies para volver a casa.
¿Perritos calientes? ¡Perritos furiosos!
Tomo el periódico enrollado de la entrada y observo la primera plana. El glorioso rostro de Drake aparece en la imagen y me guiña un ojo. Otra vez estoy alucinando, genial.
"No, les daré amor".
Pego un grito y le lanzo el periódico a papá. Ni siquiera me echo un vistazo al salir de casa, esquivar a los perros y dirigirme al paradero.
Ayer después de reprocharle a Fry sus malignas intenciones, él espetó tornándose muy serio que de todas formas les daría la paliza de sus vidas. Cuando le pregunté los motivos no respondió nada, sino que encendió un cigarrillo y me ofreció darle una calada. Me negué rotundamente, este cuerpo de Barbie no se mantiene con malos hábitos, sólo kilos y kilos de chocolate.
Mi deber de buena samaritana no me dejó fantasear como de costumbre antes de irme a la cama, todo lo que podía hacer era imaginar con desdicha a mi amorcito golpeado.
Decidí que eso no pasaría, darle una advertencia es lo mejor. 
¿Pero cómo? Soy una profesional es invisibilidad y la tipa a quien todos confunden con un basurero.

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